José Martín Juárez Blog

31 octubre 2009

El papel del diseñador como creador verdadero de la sociedad del conocimiento y su compromiso como intelectual pragmático

Muchas veces reivindico con cierta vehemencia el compromiso intelectual que supone la actividad creadora que implica el diseño y el talento creador necesario para realizar dicha actividad, elemento que el filosofo Alexander Gerard ha tratado de una forma insuperable. El diseñador, en el sentido más creativo, más renacentista, representa al intelectual pragmático comprometido con la sociedad a través de los mensajes que desprenden sus creaciones y con el espíritu inconformista de mejora continua en el proceso de convertir sus visiones e ideas en realidades concretas.

En mi opinión personal, diseño y progreso están unidos por un lazo inextricable y es el diseñador, a través de su talento, fundamentos y principios, quien puede estructurar dicha relación para que sea provechosa socialmente. Asimismo un diseñador debe ser revolucionario desde el punto de vista del cuestionamiento permanente de las realidades establecidas y de sus propias creaciones, debe ser moderno en el sentido de poner al ser humano y a su entorno en el centro de todos sus pensamientos y finalmente, debe estar comprometido con la praxis transformadora para llevar su discurso intelectual a las creaciones que influirán en el mundo real, tierra prometida del proceso de diseño cuyo producto siempre es la innovación.


Si queremos comprender la fuerza que impulsa el talento creador, no podemos vagar por el espacio-tiempo que son comunes al señor X que hace cosas, al diseñador sin talento y al genio creador, las regiones de auténtica creación están tan lejos de nuestras experiencias cotidianas que el señor X no sabrá nunca lo que son y el diseñador sin talento no penetrará jamás en sus más íntimos secretos. Puede que el señor X tenga siempre todas las maravillosas ideas necesarias para una excelente creación innovadora, el diseñador sin talento quizá posea la formación más extraordinaria y el conocimiento de las técnicas más depuradas lo que le permite desarrollar cualquier idea y convertirla en una realidad por muy burda y rudimentaria que sea.

Pero lo que de verdad posee el talento creador es la visión creadora y la dinámica rectora impulsora del proceso de innovación revolucionaria y transformadora, contenedora de mensajes, de principios y de compromisos intelectuales. Todos conocemos la impresión que produce un rayo en medio de la noche, en un segundo podemos ver un paisaje, no sólo en sus perfiles más elementales sino en todos sus detalles, aun cuando jamás podríamos describir lo que hemos visto, sentimos que hemos captado todos y cada uno de los elementos que componen ese paisaje. En el proceso de diseño, si en el resplandor de un solo instante no logramos ver una composición por muy compleja que sea en su total integridad, es que no somos verdaderos creadores. Finalmente, debido a que el genio creador tiene herencia terrena, tiene que salvar muchos obstáculos que se alzan entre sus visiones y su realización plena.

Si de verdad es un creador auténtico, no se sentirá turbado ni desalentado porque sus súbitas visiones de nuevas representaciones del mundo tarden días, meses o años en llevarse a cabo sino que aplicará la energía, persistencia y habilidades mentales y técnicas día a día sin perder en ningún momento la sensación y los detalles de sus visiones.